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Pecado o Error

¿Es posible vivir en este mundo sin pecado?

En este mundo contaminado de pecado, ¿Podemos llevar una vida sin pecado? En el tiempo del rey Salomón para esta pregunta la respuesta sería la siguiente:

“Ciertamente no hay hombre justo en esta tierra que haga el bien y nunca peque.” (Eclesiastés 7,20)

“No hay hombre que no peque” (1. Reyes 8,46).

Pero ahora vivimos en otro tiempo, bajo la gracia de Dios hacia la humanidad. Salomón vivía bajo la ley, pero nosotros bajo la gracia.

“La ley que por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan 1,17).

Nosotros esperamos una diferencia de Dios con la humanidad pecadora. El hombre siempre tuvo conciencia, pero hasta el tiempo de Moisés no había ley verbal ni escrita.
Desde Moisés hasta Cristo, los judíos estaban bajo la ley. Pero con la venida de Cristo, toda la humanidad está bajo la gracia. Ya que vivimos en este tiempo favorable, ¿No deberíamos poner más empeño para alcanzar esta meta tan maravillosa, en justicia y santidad, que Dios y todos que le temen lo anhelan? Por las siguientes palabras de la escritura estamos convencidos:

“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6,14)

 

¿Qué es el pecado?

El pecado es infringir voluntariamente la ley de Dios. Es una lección a la conciencia de aquellos que no conocen la ley de Dios; es una transgresión a la ley de Moisés, a todo el que estaba bajo esta ley, o transgresión de la ley de Cristo.

“Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley, pues el pecado es infracción de la ley” (1. Juan 3,4).

 

La voluntad está unida al pecado

La transgresión está junto al deseo. Tenemos que dar nuestro si para el mal. La tentación para el mal no es pecado (Hebreos 4,15). El pecado puede ser en obras, palabras o la mente; pero siempre con nuestra voluntad. No podemos pecar sin nuestra voluntad, sin saberlo.
Es cierto que a veces puede venir una tentación que pone en peligro nuestra victoria, pero nosotros cargamos recién una culpa a nuestra conciencia si sometemos nuestra voluntad a ese pecado.

En 1. Corintios 10,13 dice: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

 

Diferencia entre pecado y conciencia

La falsa instrucción a la conciencia, hace que muchas personas tomen algo por pecado, que en realidad no es pecado. No debemos poner algo por pecado, que según la palabra de Dios no es pecado.

Muchos ven una tentación por pecado. Si un mal pensamiento pasa por la cabeza, lo toman por pecado. Queremos advertir, que malos pensamientos son pecado solo si tenemos el deseo de realizarlos, o satisfacer nuestro anhelo. Malos pensamientos que no vienen del corazón, y sin nuestra aprobación, son solamente tentaciones y no pecado. La falsa representación del pecado lleva a muchas personas a creer que cuando tienen un mal pensamiento ya han pecado. Si fuese así, no podríamos evitar el pecado.

 

Los cristianos no pecan

El nuevo testamento enseña claramente, que pecadores no pueden ser cristianos.

“El que practica el pecado es del diablo” (1. Juan 3,8).

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la cimiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1. Juan 3,9).

Para ser cristianos debemos ser nacidos de nuevo. Este reconocimiento experimentaron todos los creyentes.

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1. Juan 5,1).

No puede haber equivocación, que un cristiano permanezca en el pecado,

“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado de Dios, le guarda, y el maligno no le toca” (1. Juan 5,18).

En todo el nuevo testamento se ordena al cristiano llevar una vida santa. No solamente es un deber cristiano llevar una vida santa y sin pecado, sino que Dios le ha provisto de gracia en su plan.

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sabia, justa y piadosamente” (Tito 2, 11-12).
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1. Pedro 2,24).

Por esta causa Pablo nos exhorta:

“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6,11).

“Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos porque Yo soy santo” (1. Pedro 1,14-16).

 

Muchos testifican creer en el evangelio, pero no viven sin pecado.

Ese puede ser el caso, pero esto no quiere decir que una vida sin pecados es imposible. Quizás haya muchas más personas que llevan una vida cristiana sin pecado, de lo que nosotros nos imaginamos. A veces nos estorba nuestra incredulidad, para ver el Espíritu Santo en el verdadero creyente.
Tampoco podemos esperar que todos los que hablan de santidad, la practiquen realmente en sus vidas. Algunos llevan el nombre de Jesús en la boca, pero no son dignos de Él.

“Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1. Juan 1,8),

este versículo debe ser entendido como los siguientes:

“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso y su palabra no está en nosotros.”

Todos hemos pecado. Por este motivo éramos todos pecadores,

“pero si andamos la luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1. Juan 1).

Pablo se presenta como el primer pecador (1. Timoteo 1,15), esto hace referencia a lo que fue alguna vez, no en el tiempo que escribió la carta. En su propio testimonio dice:

“Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (1. Tesalonicenses 2,10).

La vida del apóstol Pablo era santa e irreprochable. Él nos dio un ejemplo de vida, libre de pecado.
Queremos todos imitar su ejemplo.

J. C. B.