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¿Cómo me visto decorosamente?

Hoy en día y sobre todo en el mundo occidental, la castidad no es necesariamente una virtud deseable. Por el contrario es considerada a menudo como pasada de moda. También nosotros como cristianos estamos en peligro de asumir esa actitud del mundo por la influencia de nuestro entorno, y considerar una conducta casta como anticuada. Tal vez no sabemos lo que implica la castidad o una vida decorosa. También que ropa es casta o no, usualmente es evaluado de diferentes formas. En todos estos interrogantes, es importante consultar al eternamente vigente manual, la biblia.

La palabra de Dios menciona la palabra templanza-castidad en Gálatas 5 como una de las partes del fruto del espíritu y lo hace particularmente necesaria. ¿Qué podemos entender bajo el concepto de castidad? Wikipedia define la castidad como “comportamiento pudoroso, evitando la desvergüenza y el atropello a la moral pública”. En la biblia, la palabra “casta” se utiliza para expresar una relación pura entre hombres y mujeres. Así también Pablo recuerda a Timoteo de exhortar a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza. (1 Timoteo 5,2). Así como un hombre puede relacionarse con su hermana de sangre, sin sentirse atraído físicamente por ella, tal debe ser la relación entre hombres y mujeres fuera del matrimonio, pura y sin segundas intenciones. Mientras la biblia exhorta a las mujeres a ser castas y mantener una conducta pura (Tito 2,5; 1. Pedro 3,2), también Pablo da testimonio de sí mismo llevando una vida pura (2Corintios 6,6).

Aunque la biblia no habla directamente de ropas castas, encierra una conducta casta junto con nuestro comportamiento, incluyendo la vestimenta. Para comprender mejor esta cuestión, es útil volver a la creación de Adán y Eva. Luego de que Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo, e hiciera caer un profundo sueño sobre Adán y a partir de su costilla crear a Eva, este tuvo gran alegría al contemplar a su esposa. Luego leemos que ambos estaban desnudos. Dios creó a las personas y especialmente a la mujer deliberadamente con todas sus características físicas y sus encantos (estímulos). Por lo tanto la intención de nuestro creador fue que nos sintamos atraídos por el sexo opuesto. El hombre fue creado especialmente así, para que se gozara al contemplar a su esposa. La relación entre hombre y mujer incluyendo la relación sexual por lo tanto es un especial  regalo de Dios. Sin embargo debemos tener en cuenta que esto aplica exclusivamente para el hombre y su esposa. Incluso en los diez mandamientos, Dios hace ver que no debemos codiciar a la mujer del prójimo. Jesús refuerza esta declaración en el nuevo testamento cuando dice, que quien mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (Mateo 5,27).

Lamentablemente no vivimos más en el jardín del edén y el pecado pudo extenderse en la tierra bajo las influencias del diablo. Precisamente este especial regalo de Dios, utiliza el diablo desde la existencia del hombre, para llevarlo a la perdición. Satanás sabe bien sobre la fuerza del deseo, pervirtiéndolo y utilizándolo deliberadamente para así descarriar a cuantas personas sea posible del camino de Dios. Un vistazo a nuestra sociedad nos muestra el éxito que tiene y al grado que se ha expandido este pecado.

Teniendo en cuenta la atracción que puede ejercer la sola representación de las proporciones del cuerpo, es de entender porque la ropa juega un papel importante cuando se trata de llevar una vida casta y pura. Debido a que las personas están así creadas de sentirse atraídas por el sexo opuesto, es importante que el cuerpo sea cubierto en público de tal forma que no haga caer en tentación al prójimo y cometa adulterio con sus pensamientos. Por supuesto que no podemos evitar que alguien de mente depravada persiga con la vista a una mujer con abrigos de invierno y tenga pensamientos lujuriosos, pero tal vez somos en parte responsables si nuestra vestimenta lo llevó a ello. Por lo tanto no solo debemos orar para no caer en tentación, sino que también de no ser motivo de una tentación por nuestra forma de vestir.

Por eso la palabra de Dios señala especialmente a las mujeres para que ellas, “se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia” (1Timoteo 2,9). En el diccionario las palabras “pudorosas” y “castas” están más o menos descriptas debidamente “dentro de los límites y reglas morales de la decencia”. Estas reglas son universales para todos los tiempos y países del mundo, independientemente de las costumbres y cultura de la población. Pero naturalmente la puesta en práctica de estos estándares va a depender en cierta medida de tiempo y lugar. Debemos recordar que sin dudas hay diferencias culturales, y no necesariamente se aplican estos estándares de un país a otro. Así como un tipo de vestimenta se considera casta y decente en Alemania, en la india puede causar un revuelo. En consecuencia no podemos establecer que una pollera debe ser tal y así de larga o una camisa así tal de ancha (suelta). Por otro lado “en medio de una generación maligna y perversa, debemos vivir irreprensibles y sencillos como hijos de Dios y luminares del mundo” (Filipenses 2,15). Por lo tanto no podemos darle un valor muy importante a las reglas de este mundo y regirnos por ellas. Si queremos ser vestidos casta, modesta y pudorosamente según las reglas de la biblia, no nos podemos regir u orientar por lo que sobre todo el mundo occidental denomina como decente. Debemos enfrentar la tendencia de mostrar tanta piel y la de resaltar las proporciones del cuerpo a través de la ropa. Esto aplica por igual a hombres como a mujeres. Incluso si en nuestro entorno una prenda es declarada decente, para los hijos de Dios, esta pollera puede ser muy corta, el escote de una blusa muy pronunciado (profundo), un pantalón muy ajustado, o una camisa que resalte mucho la figura.

Además la ropa casta también es situacional. La ropa que es decente y adecuada para un servicio religioso ya no es apropiada para una actividad física y viceversa. Debemos tener en cuenta de elegir nuestra ropa para cada actividad prevista y así evitar miradas innecesarias sobre nuestro cuerpo. Si mientras estamos parados frente al espejo nuestra ropa parece apenas decente, es probable ya no lo sea para caminar o sentarnos de piernas cruzadas. Aquí puede ser útil consultar a los padres o a su conyugue para evaluar la castidad y decencia de lo que llevamos puesto.

Es importante que seamos conscientes que podemos ser una tentación para otros mediante nuestra forma de vestir. Por lo tanto nuestro objetivo debe ser elegir la ropa tan larga y amplia para no proporcionar innecesarios detalles de nuestro cuerpo. El mandato de Dios y su deseo es que, vivamos puros y santos y como lumbreras en este mundo. Justamente hoy una conducta casta (decente) se ha vuelto rara, por lo tanto tenemos la oportunidad de brillar. Según 1. Corintios 6,19-20 debemos saber que, “¿vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,  … y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad pues, a Dios en vuestro cuerpo.” ¡Tratemos de vestir nuestros cuerpos de tal manera, que el Espíritu Santo pueda sentirse cómodo en nosotros y glorifiquemos así a Dios en nuestros cuerpos!

 Paul Hinz, Gifhorn (DE) / T.E. MARZO 2016